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miércoles, 18 de marzo de 2015

Descubierto el origen del “animal más extraño” según Darwin


En 1833, Charles Darwin era un geólogo veinteañero a bordo del Beagle que ignoraba cuánto iba a cambiar su vida. Un día, en Uruguay, compró por unos peniques un cráneo fósil al que los niños habían cosido a pedradas. Era una rareza y, por su tamaño, bien podía haber tenido la talla de un elefante africano. Después encontró un diente que encajaba a la perfección en la calavera. Para su sorpresa, los incisivos parecían de una rata gigante. Darwin lo describió como “uno de los animales más extraños jamás descubiertos”y siguió adelante. Meses después, en Argentina, halló el fósil de otro mamífero enorme que tenía cuello de camello y una trompa que recordaba al elefante.
Lo que no pudo hacer fue identificar el origen de aquellos enormes mamíferos extintos de América. ¿Estaban emparentados con los elefantes africanos o con las llamas y los roedores americanos? Desde entonces muchos otros expertos han intentado, sin éxito, responder a esta pregunta estudiando la extraña morfología de los huesos. “Nadie tenía ni idea del lugar que ocupan estos animales en la radiación de los mamíferos”, detalla a Materia Ian Barnes, investigador del Museo de Historia Natural de Londres. Ahora, gracias a la ayuda de algunos de los mayores expertos del mundo en rescatar material biológico de fósiles, Barnes ha conseguido resolver el enigma.
Barnes y el resto de su equipo han conseguido aislar proteínas de colágeno de restos de ambos animales, conocidos como Toxodony Macrauchenia. Es una técnica que ya se ha usado con huesos de dinosaurio y a la que se recurre cuando no se puede extraer ADN debido al deterioro por el clima o el tiempo. En ambos casos el análisis del colágeno permite fragmentar esta proteína en sus piezas básicas, los aminoácidos, compararlas con las de otros animales (un caballo extinto e hipopótamos y tapires actuales), y dilucidar el origen evolutivo de una especie.
Los animales descubiertos por Darwin pertenecieron a un grupo de ungulados primitivos, hermanos de los ungulados actuales como el rinoceronte, el caballo o el tapir, según el trabajo publicado hoy en  por Barnes y el resto de un equipo internacional de científicos. Ninguna de las dos especies estaba emparentada con los afroterios, animales genuinos de África como el elefante o el cerdo hormiguero.
http://elpais.com/elpais/2015/03/18/ciencia/1426664347_538447.html

sábado, 14 de marzo de 2015

¿Por qué tenemos miedo al viernes 13?

El miedo a los viernes 13 se llama de forma no oficial collafobia o friggaatriscaidecafobia, una variante de Triscaidecafobia, que es la fobia al número 13.
El origen más  histórico se remonta a la edad media, en el que Felipe IV de Francia, respaldado por el papa Clemente V, ordenó una serie de redadas para detener a todos los Templarios un como hoy, pero en octubre del año 1307. Los inquisidores sometieron a los Templarios a numerosas torturas, lo que habría hecho considerar como maldito el día de la captura, un viernes día 13.
Sin embargo, existe también una teoría basada en el cristianismo, ya que 13 fueron los comensales de la última cena anterior a la crucifixión de Cristo, el cual murió un viernes. Puede que esa combinación fuera el inicio de esta conocida superstición.
El miedo a este día aumentó gracias a una saga cinemátrográfica de terror que ya tiene doce entregas. Viernes 13 se llevó por primera vez a la gran pantalla en 1980, con la famosa película de terror en el que Jason, el hombre con la máscara de hockey, era el asesino protagonista.
El número 13 está ligado además a numerosas mitologías: la Cábala enumera a 13 espíritus malignos. En el Apocalipsis, su capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia. También una leyenda escandinava cuenta que en una cena de dioses en el Valhalla, Loki, el espíritu del mal, era el invitado numero 13. En el Tarot, este número hace referencia a la muerte y 13 era el número de días que las brujas de la edad media esperaban para hacer sus pócimas.
Una curiosidad más, y es que el día 13 ha caído en viernes más que en ningún otros días a lo largo de toda la historia. Según el calendario gregoriano, cada 4.800 meses el día 13 ha caído 688 veces en viernes.

domingo, 8 de febrero de 2015

Adam Rainer, el hombre que pasó de enano a gigante

El austriaco Adam Rainer (1899-1950) cuando murió con 51 años medía 2,34 metros de altura, una estatura a la que había llegado a causa del gigantismo que padecía desde que se desarrolló, con 21 años.
Pero lo que más descoloca es que, cuando fue diagnosticado de gigantismo, superaba solamente en 18 centímetros el metro de altura. Es decir, padecía de enanismo y dio un “estirón” de un metro en solamente once años, creciendo 1,16 metros en su adultez hasta su muerte.
Adam Rainer nació en Graz en 1899 de unos padres de estatura media. Cuando estalló la Gran Guerra tenía 15 años e intentó alistarse al ejército, pero fue rechazado por su pequeña estatura, a pesar de su insistencia un año después.
Cuando se consideró que acabó su etapa de crecimiento, a los 19 años, los médicos le certificaron oficialmente como persona enana, sin barruntar en este momento que se podrían encontrar ante uno de los casos clínicos más extraños de la historia. Eso sí, el tamaño anormalmente grandes de sus manos y sus pies respecto a su pequeña altura generaba muchas sospechas.
La primera vez que trató de alistarse al ejército usaba un pie 43 y, tres años después, con 18 años, ya tenía un 53, cuatro tallas menos que Shaquille O´Neal. Pero seguía siendo un enano, aunque todo esto cambió con 21 años, cuando empezó a crecer de manera descontrolada. A la par que sucedía esto comenzó a sufrir una curvatura cada vez mayor en la espina dorsal, lo que le fue postrando a lo largo de los años en una cama a causa los terribles dolores que padecía.
¿Qué le sucedió a Rainer? Por la falta de medios y documentación sobre su caso solamente podemos ofrecer varias hipótesis. La más habitual en los casos de gigantismo es que se desarrolle durante la niñez un tumor en la glándula en la cual se genera la hormona del crecimiento (hipófisis), pero el caso del austriaco es extremadamente raro porque venía de parecer enanismo.
Dos doctores que le examinaron entre 1930 y 1931 concluyeron que sufría también acromegalia, una enfermedad provocada por un tumor en la glándula pituitaria que hizo que segregara hormonas del crecimiento en grandes cantidades, lo que le produjo el sobrecrecimiento de manos y pies, además de tener una mandíbula prominente y unos labios muy gruesos.
Fue operado y se consiguió que el ritmo del crecimiento remitiera, pero esta cirugía llegó demasiado tarde, ya que había estado aumentando su altura durante una década. Con el tiempo perdió la visión en un ojo y la audición en un oído, al tiempo que la deformación de su columna se convirtió en algo irreversible, lo que le confinó definitivamente en su enorme cama.
Actualmente este tipo de tumores son considerados benignos y en la gran mayoría de los casos se detectan a tiempo y se procede a su extirpación o se recurre a medicación si no se puede extraer por completo. Pero lo que no se explica todavía es la mutación que sufrió el austriaco y que le llevó a crecer un metro de altura en su edad adulta.
El pobre Rainer pasó buena parte de su vida sin poder valerse por si mismo y vivió en una residencia de mayores hasta que falleció con 51 años. Es también el único hombre a lo largo de la historia que ha pasado de ser enano a ser gigante y un ejemplo increíble de lo que puede llegar a ser capaz el cuerpo humano.