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viernes, 22 de mayo de 2015

Domesticar animales deja huella en su ADN

El Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) ha presentado los resultados de su estudio relativo a la domesticación de los animales, en el que se expone que la domesticación por parte de los seres humanos deja una huella en el ADN de los animales, presentando los animales domésticos ciertas variantes genéticas que afectan a determinados procesos biológicos como el desarrollo facial, la coloración de la piel o incluso el cerebro.

Los investigadores, liderados por Alex Cagan examinaron el ADN de ratas de alcantarilla,también llamadas ratas de noruega o ratas chinas, que habían sido criadas durante 70 generaciones para mostrarse agresivas o mansas hacia los humanos. Los resultados de ADN revelaron que las ratas dóciles o domesticadas tenían cambios genéticos en al menos 1.880 genes.

Comparando estas conclusiones con los análisis de ADN de otros animales domésticos comunes como perros, gatos, cerdos o conejos y sus respectivos compañeros pero en estado salvaje, los expertos hallaron idéntico resultado: la domesticación tenía una cambio asociado en los genes para los factores de crecimiento epidérmico y otras proteínas que estimulan el crecimiento de las células.

Esta conclusión parece apoyar la hipótesis de que los cambios recientes en las células de la cresta neural que comprende unas pocas células y que existe temporalmente en etapas tempranas del desarrollo embrionario de los vertebrados, podrían ser responsables del síndrome de domesticación, que incluye cambios físicos en las orejas, en los colores de su pelo o en la dulcificación de sus rostros, rasgos comunes entre los animales domésticos.

sábado, 25 de abril de 2015

La Policía celebra el día del ADN: 173 homicidios y 253 violaciones resueltos

Tal día como hoy hace 62 años los científicos James Watson y Francis Crick publicaron el modelo de estructura en doble hélice del ácido desoxirribonucleico, el ADN, un avance imprescindible para el trabajo de la Policía. Gracias a él, este cuerpo resolvió el pasado año 173 homicidios y 253 violaciones.

A estos casos, se suman la identificación en 2014 de cerca de 2.500 autores de delitos y el esclarecimiento de 3.224 hechos en los laboratorios de análisis de las miles de muestras que cada año llegan a manos de la Policía.
Solo en las dependencias centrales de Científica, ubicadas en el complejo policial de Canillas de Madrid, se analizaron 32.000 muestras de ADN. Sus 64 agentes escudriñan a diario pelos, dientes, esperma, restos óseos, saliva, sangres o células de descamación, aquellas producidas por el roce de partes de cuerpo con prendas u objetos.
Y eso sin contar con las reseñas genéticas de sospechosos, detenidos o imputados en delitos graves. En toda España se efectuaron 14.344, al tiempo que se intercambiaron con otros países información de perfiles de cerca de 200 asuntos vinculados a homicidios, agresiones sexuales, narcotráfico, secuestros o robos.
Resultados con los que la Policía Nacional celebra el Día Mundial del ADN, que conmemora su descripción en 1953 y la finalización del proyecto del genoma humano.
Desde hace menos, en la década de los noventa, comenzaron a extenderse las técnicas manuales y complejas de extracción de ADN al trabajo policial. Pronto fue evidente su utilidad en el esclarecimiento de delitos.
Pero, ¿qué determina un análisis forense de ADN? Pedro Sogo, jefe de servicio de la unidad de análisis de la Comisaría General de Policía Científica, explica que la particularidad de estos exámenes es la probabilidad, es decir, los resultados de un análisis indican el número de veces que es más probable que ese resto sea de una determinada persona.
Todo análisis lleva además aparejado una investigación paralela, en la que uno de las fases más importantes, recalca Sogo, es la recogida. "Sin una buena muestra no se puede obtener nada. Dará resultados pero no serán concluyentes. La prueba de campo es vital", subraya.
Por ejemplo, los análisis de ADN han sido relevantes en situaciones como los atentados terroristas del 11M, el accidente aéreo de Barajas, el de tren de Santiago de Compostela o la reciente tragedia del avión de Germanwings de Los Alpes. 

Leer más:  La Policía celebra al Día del ADN: 173 homicidios y 253 violaciones resueltos - Sábado, 25 Abril 2015 (09:45)  http://bit.ly/1ddlKTX

sábado, 18 de abril de 2015

La naranja es hija de una mandarina y de la madre del pomelo

Si tiene una naranja u otro cítrico a mano, mírelo. Detrás de esa fruta hay una historia épica, en la que resuenan las batallas de Alejandro Magno, la expansión del Islam, las campañas militares de los cruzados cristianos, la diáspora judía y el descubrimiento de América. Esa fruta que está mirando es un libro de historia de la humanidad y ha llegado a su mano gracias a multitud de conquistas y reconquistas y a una batalla científica de siglos.
“El ancestro de todos los cítricos vivió hace unos ocho millones de años en el sudeste asiático”, explica el biólogo Manuel Talón, que acaba de trazar “el árbol genealógico más potente” de estos frutales. Sus matrimonios, simplificados, se pueden dibujar como si fueran los de la familia Buendía en Cien años de soledad. “La naranja dulce es hija de un pummelo [la madre del pomelo] y de una mandarina”, relata Talón, director del Centro de Genómica del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, que sitúa este enlace en lo que hoy es la China occidental hace unos 3.000 años.
En este cruce, la mandarina era el padre. Era una mandarina salvaje, ácida y llena de semillas, incomestible, que enviaría su esperma, el polen masculino, a través del viento hasta las flores de la madre, un pummelo. Fruto de la uninacería la primera naranja, que según especula Talón sería detectada por un avispado agricultor chino, que perpetuaría su cultivo mediante injertos. Milenios después, a finales del siglo XV, la naranja dulce llegó a España en las manos de comerciantes portugueses e italianos.
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El equipo del biólogo ha estudiado el genoma de 30 especies de cítricos. En concreto, los científicos han leído el ADN de los cloroplastos, unos orgánulos presentes en las células vegetales que portan información genética heredada de la madre. Sus resultados se publican ahora en la revista Molecular Biology and Evolution.